
Confieso que ayer cuando leí las palabras de mi amigo Goros, donde contaba que se iba él también a vivir lejos de Buenos Aires, me emocioné. No llegué a las lágrimas porque no me salen tan fácil pero algo dentro mío hizo que dormir no sea tan sencillo como lo es siempre.
Suerte Goros en esta nueva etapa.